Por Jhonatan Liriano

El trabajo es la actividad que organiza de manera más efectiva a la sociedad.
Es la vía más legítima para vivir sin dañar a otros.

Para alcanzar mayores niveles de desarrollo en República Dominicana, la política debe procurar que todo trabajo garantice una vida digna.

En los últimos 30 años el poder adquisitivo de los salarios reales de los dominicanos (as) solo ha hecho reducirse, mientras la productividad o los beneficios de las empresas por cada trabajador (a) aumentó de manera significativa.

Hoy el 80% gana menos de RD$30,000.

Además de tener salarios precarios, los trabajadores (as) carecen de un sistema de seguridad social que les proteja efectivamente de circunstancias adversas o ante gastos de subsistencia. El transporte, la salud y la recreación son tres fuentes de altos gastos de bolsillo.

El cambio en la estructura productiva y la promoción intensiva de las ideas neoliberales provocaron casi la desaparición de las organizaciones sindicales. La palabra sindicato está satanizada; las nuevas generaciones ni se organizan y, en muchos casos, ni conocen sus derechos.

Mientras se disminuye la capacidad de negociación de la gente trabajadora el sector patronal está más cohesionado que nunca, y con una clara agenda de articulación y gestión con la dirigencia política. Esto deja a los trabajadores (as) sin liderazgo.

En casi 20 años, por ejemplo, los gobiernos del PLD prácticamente no fijaban posición pública sobre los debates del Comité de Salarios. El presidente @luisabinader es el único que, según recuerdo, ha ido al Comité a intervenir por aumentos salariales.

En este escenario de falta de sindicatos, de sector patronal fuerte y hegemónico, la fuerza llamada a garantizar que los trabajadores (as) participen del crecimiento económico y la bonanza que generan es la política.

Y la política desde todos los ámbitos, pues desde el Gobierno es insuficiente. Son enormes los intereses que habría que tocar para garantizar que, por ejemplo, el sistema de seguridad social sea un instrumento de desarrollo y no una fuente obscena de acumulación financiera.

Promover la dignificación del trabajo es hacer política por el bien común, pues la mejora de los ingresos y la protección social beneficia a todas las minorías y a las mayorías al mismo tiempo. Es ampliar el poder económico y social, además de las libertades de cada uno (a).

El Día del Trabajador (a) es oportuno para comenzar a superar el miedo a las etiquetas y los conflictos propios de la política comprometida.

De todas las agendas de debate, la que podría provocar mayores niveles de bienestar, libertad y desarrollo en nuestro país es el trabajo.