OPINIÓN: Cambiar / cambiando

Guido Gómez Mazara

El eslogan de campaña concerniente al cambio no puede reducirse al interés de un proceso electoral con resultados favorables.

Honestamente, amplios sectores apostaron a la sustitución del PLD, pero la esencia de impugnaciones a 16 años de ejercicio gubernamental implica una transformación en el comportamiento y afán por deformar la noción del desempeño oficial que llenó de ira a la ciudadanía, como resultado de posturas arrogantes asociadas a la idea de que se podía actuar sin sentido del comedimiento.

Tantos años administrando el presupuesto nacional provocaron la sensación de eternización frente a las tareas del Estado, inclusive los hallazgos materia de procesos penales contra servidores de la administración 2012-2020, ponen en contexto el falso criterio de que resultaba imposible desplazarlos del Gobierno.

Las derrotas deben ser interpretadas por el sector victorioso. Así se aprovecha políticamente y envían una señal básica para no incurrir en los mismos errores.

Por eso, en el PRM resulta impostergable acompañar los esfuerzos de adecentamiento de la vida nacional porque si existe un partido que hizo un aprovechamiento de toda la retórica ética en la sociedad dominicana es el PLD. De ahí que el pase de balance de inconductas y respectivas sanciones, pueden establecer las bases de un modelo completamente adverso a la concepción estimulada por franjas de la clase política con una profunda vocación tendente a asumir de útil e inteligente pasar por el poder y acumular de manera inmisericorde.

El sentido del cambio que generó resultados anhelados por amplios sectores ciudadanos será requerido con mayor énfasis a la fuerza partidaria ganadora. Y en ese mismo orden, los resultados y elección de un nuevo mandatario representan un aliento esperanzador que, si por fatalidad fracasa, el trauma tendrá repercusiones en todo el sistema político debido a que en el país todavía no hemos padecido los efectos de outsiders como expresión de apuesta estimulada ante el fracaso de la democracia formal.

Resulta necesario leer el cambio más allá de las aritméticas electorales. Si bien es cierto se contabilizan simpatías e impugnaciones a las ofertas municipales, congresionales y presidenciales, es importante acotar que todo el tinglado partidario requiere de ajustes en capacidad de reconstruir la fe en las organizaciones partidarias.

Lógico es que también se apueste a un cambio en aparatos y/o estructuras políticas que su interés tiende a restringir las reglas impulsadas desde la sociedad, y que chocan, con prácticas y hábitos divorciados del pliego de aspiraciones ciudadanas.

Las perturbaciones de un cambio se hacen realidad cuando los actores victoriosos del proceso atribuyen las razones del triunfo a las manías de la fuerza derrotada.